01 octubre, 2007

Un momento.

El otro día observé al ir a trabajar una escena que me llenó. En una tienda de ropa juvenil de tallas grandes para chicas, la dependienta, una mujer rubia de treinta y tantos años, de gran belleza y finura –término este último que yo no asocio a la delgadez, sino al estilo-, sonreía al atender a una joven, también de físico generoso y con una larga melena de color castaño. Un gozo indescriptible invadió mi espíritu. Un placer espiritual y estético que me reconfortó durante toda la noche que pasé en vela, leyendo y estudiando. Es la belleza auténtica, esa que te traspasa el cerebro sin piedad y que responde a un impulso inconsciente, a una libre asociación de ideas, territorio en el que los criterios sociales no valen nada porque es tu instinto más íntimo el que decide. ¡Qué preciosas y sensuales aquellas dos mujeres! ¡Qué felicidad y satisfacción transmitían! ¡Qué dicha poder contemplar un momento así! ¡Cómo me gustan las chicas gorditas que saben que son guapas y se quieren tal y como son! Ojalá aprendiera yo a quererme y gustarme tanto como ellas. Porque la vida puede ser maravillosa. Tan solo es una cuestión de mirada. Saber mirar. Yo sólo estoy empezando.

2 comentarios:

Wilwarin dijo...

Como dice el titulo creo que es de una película "las mujeres de verdad tienen curvas"... Por lo demás estoy de acuerdo en que la belleza es algo subjetivo e instintivo, para mi la suele determinar una mirada sensual y una sonrisa sincera. Como bien dices la clave es sentirse bien con uno mismo pues cuando se tiene esa seguridad se transmite a los demás así que ya que estás empezando a mirar no se te olvide cada mañana cuando estés delante del espejo ver lo guapo que eres.

Armand Guerra. dijo...

Muchas gracias wilwarin. No, si ya sé que soy guapete. Si lo he escrito solo para que alguien me lo diga. juas!