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15 marzo, 2009

Fuente: El País.com
Reportaje
Niña violada, madre excomulgada

El Vaticano en el centro de la polémica por apoyar a la curia de Brasil, que ha expulsado de la Iglesia a los médicos y a la madre de una menor que abortó

FRANCHO BARÓN - Río de Janeiro - 15/03/2009

Muchos se preguntan en Brasil qué diría el fallecido arzobispo de Olinda y Recife, Hélder Câmara, si levantara la cabeza y asistiera a la polémica que mantiene estupefacto a todo el país. Câmara fue un profundo humanista, precursor de los movimientos católicos de base y furibundo activista por la defensa de los derechos civiles y humanos. Se enfrentó a cara de perro al régimen militar que subyugó a Brasil durante 21 años, que lo persiguió y lo acusó de comunista. Su sucesor, José Cardoso Sobrinho, parece no mirarse en su espejo. O, al menos, ésa es la opinión más extendida entre los brasileños después de que el prelado haya anunciado la excomunión de los médicos y la madre de una niña de nueve años violada por su padrastro, que la semana pasada abortó de dos gemelos frutos de la agresión sexual. Según los médicos, su vida corría riesgo si el embarazo continuaba su curso. La ley brasileña también la amparaba para interrumpir la gestación. Pero ninguna de estas razones ablandó al arzobispo, que vio en la decisión de abortar un acto de perversidad moral incompatible con la confesión católica.

La onda expansiva del caso llegó la semana pasada a los pasillos del Vaticano, donde el cardenal Giovanni Battista Re, estrecho colaborador del papa Benedicto XVI y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, declaró al rotativo italiano La Stampa que "el verdadero problema es que los gemelos concebidos eran personas inocentes, que tenían el derecho innegable a la vida. La Iglesia siempre ha defendido el derecho a la vida y debe continuar haciéndolo, sin adaptarse a las modas de cada época o al oportunismo político". De esta manera, la alta curia vaticana cerraba filas en torno al polémico cardenal Cardoso Sobrinho, que pese a todo sigue sin contar con la comprensión de la mayoría de los creyentes brasileños.

La airada reacción de la Iglesia romana fue provocada, en parte, por las declaraciones sin medias tintas del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva: "Como cristiano y como católico, lamento profundamente que un obispo de la Iglesia católica tenga tal comportamiento conservador. No se puede permitir que una niña violada por su padrastro tenga ese hijo, para empezar porque la vida de esa niña corría riesgo. Creo que en ese aspecto la medicina tiene más razón que la Iglesia". La clave está en que desde el Gobierno de Brasilia se subraya que el aborto en este país es un asunto de salud pública mucho antes que de dogmas religiosos. Miles de mujeres abortan cada año clandestinamente en Brasil, en condiciones infrahumanas, y muchas de ellas no logran salir con vida de las intervenciones.

Un día después de la declaración de Lula, el arzobispo Cardoso Sobrino replicó: "Si el presidente desea hacer un pronunciamiento sobre un asunto teológico, yo le sugeriría que primero pidiese ayuda a sus asesores que sepan de teología, que conozcan la doctrina de la Iglesia católica". El cardenal brasileño, Geraldo Majella Agnelo, tampoco quiso contenerse: "Si el Gobierno no defiende la vida humana desde su concepción, ¿qué va a defender?".

En Brasil, la separación de papeles entre la Iglesia y el Estado está claramente plasmada en el preámbulo de la Constitución de 1988. Pese a la laicidad del Estado, las relaciones de Lula con la religión católica siempre han sido especialmente cordiales por razones que se remontan a su época de líder sindical y militante de la izquierda más recalcitrante. Brasil, como el resto de América Latina, fue en la segunda mitad del siglo XX un semillero de movimientos eclesiásticos de base, entre otros, la teología de la liberación. Durante la dictadura militar, estos movimientos dieron una amplia cobertura a miles de activistas de izquierdas, algunos de los cuales hoy son militantes del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y forman parte del Gobierno. La relación sentimental con la Iglesia viene de lejos, pero en este caso no ha sido suficiente para evitar el choque.

Actualmente, la ley sólo permite abortar en casos de violación o cuando corra riesgo la vida de la madre. Existe un tercer supuesto, aún en vías de aprobación, para los casos de malformación fetal incompatible con la vida. En el caso de la niña de nueve años convergían los dos primeros supuestos. El embarazo, de 15 semanas, era de altísimo riesgo tanto por las dimensiones de los órganos de la niña, aún en fase de crecimiento, como por tratarse de una gestación de gemelos. El padre biológico de la niña quería que los gemelos viesen la luz. La madre se mostró irreductible ante la posibilidad de que el embarazo continuara su curso.

26 agosto, 2008

Minifaldas y violencia sexual en México.

Reproduzco la entrada publicada por Fran Sevilla en su blog Vagamundo. El mundo es ancho y ajeno.




MINIFALDAS Y VIOLENCIA SEXUAL EN MÉXICO




Por Fran Sevilla el 26 Ago 2008.

"Hace demasiado tiempo, mucho más que demasiado tiempo, que el argumento que justifica al agresor y culpabiliza a la víctima en los casos de agresiones sexuales y violaciones está instalado en la mente retrógrada de muchas personas, la inmensa mayoría de las veces, hombres. Jueces, sacerdotes, rectos padres de familia, policías, funcionarios públicos o incluso dirigentes políticos. El último caso, público, notorio, y vergonzoso, acaba de vivirse en México".

"La Iglesia Católica mexicana, por pluma de su aplicado servidor, el sacerdote Sergio G. Román, ha recomendado a las mujeres que no lleven minifaldas para evitar ser asaltadas sexualmente. “Cuando exhibimos nuestro cuerpo sin recato, sin pudor, lo prostituimos porque provocamos en los demás sentimientos hacia nosotros a los que no tienen derecho” escribe el padre Román en una publicación digital dirigida a preparar a los católicos para el VI Encuentro Mundial de la Familia que se celebrará en México D.F. el próximo año".

"Curioso el lenguaje del padre Román. Utiliza el género masculino, “nosotros”, y sin embargo está pensando en el género femenino, "vosotras, hijas de Eva, pecadoras". No se conoce el caso de un hombre mexicano (yo al menos no lo conozco) al que se diga que ha sido violado por ir provocando al llevar shorts o una camisa ajustada o exhibiendo sus pectorales".


"Las recomendaciones del padre Román y de la Iglesia Católica están en la línea de algunas sentencias judiciales en las que se ha considerado un atenuante o se ha absuelto al acusado de una violación porque la “mujer iba provocando”, porque “no vestía con recato”. Me pregunto qué habrán sentido las mujeres de Ciudad Juárez, de otras ciudades mexicanas, de Guatemala, de toda América Latina, de España, de casi todo el mundo donde la violencia de género es una realidad tan brutal como implacable".


"Ese desprecio por la mujer, ese deseo de dominación, ese intento del macho por dominar su alma y su cuerpo que revela la violencia de género tiene su origen en la mentalidad que subyace tras las recomendaciones de la Iglesia Católica mexicana. Recuerdo un comentario, sangrante, que me hizo una vez un empresario mexicano de Ciudad Juárez cuando le hablé sobre el drama que había percibido allí con relación al feminicidio: “Si una no se mete en líos no tiene problemas; algo habrán hecho”. Este empresario vive protegido por altos muros y alambradas, con varios guardas de seguridad armados hasta los dientes. ¿Si él no ha hecho nada –me pregunté- para qué necesita toda esa protección? Y sin ser mujer".


Tienes razón, Fran. Lo mismo que dicen los obispos, jueces, policías y políticos mexicanos (y que deben pensar muchos hombres corrientes en ese país), lo dicen los españoles. Solo hay que estar un poco atento. Un obispo español achacó la pederastia y el abuso de menores a los propios menores, que, según este sujeto, "provocan con su actitud". Asqueroso. Los hombres estamos muy mal. El género masculino está enfermo.